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La clave del pensamiento sistémico es la palanca: hallar
el punto donde los actos
y modificaciones en estructuras pueden conducir a mejoras significativas
y
duraderas. A menudo la palanca sigue el principio de la economía
de medios,
buscando el lugar donde los mejores resultados no provienen de
esfuerzos en
gran escala sino de actos pequeños y bien focalizados.
El pensamiento
asistémico resulta perjudicial porque nos induce a efectuar
cambios de bajo
apalancamiento: nos concentramos en los síntomas donde
la tensión es mayor y
reparamos o aliviamos los síntomas. Pero esos esfuerzos
a lo sumo, mejoran la
situación en el corto plazo, y la empeoran en el largo
plazo.
Senge (1992, p. 148)
Conviene conocer algo de la visión sistémica porque
nos ayuda a entender por qué hemos organizado el mundo
tal como lo conocemos, en fragmentos, buscando especialización.
También nos ayuda a pensar en integralidades, en volver
a unir las partes de los rompecabezas que hemos creado. Este nuevo
paradigma tiene su propio campo de conocimientos y se nutre desde
otras disciplinas: antropología, sociología, psicología,
pedagogía, todas las cuales aportan a una visión
más amplia.
También se habla a veces de “pensamiento sistémico”
para hacer referencia al mismo tema. Es más preciso decir
que el pensamiento sistémico es una parte de la visión
sistémica, mucho más amplia en su alcance.
Visión sistémica, una guía para la
gestión de las organizaciones
Es importante la visión sistémica en la gestión
de empresas y será el gran fundamento conceptual que citaremos
en este camino necesariamente práctico. Por ejemplo la
visión sistémica nos ayuda a entender que un cambio
en un proceso afectará a toda la organización, que
la actitud de los diseñadores es fundamental y que el ánimo
y la cooperación de quienes operan el proceso es vital.
La visión sistémica nos ayuda a “ver”
el todo, apreciar sus interacciones, la energía presente
y descubrir sus características distintivas, aquellas que
son propias del conjunto y que no existen en las partes. A la
vez, ubica el sistema en su entorno, acepta la complejidad que
nos excede, la irreversibilidad del tiempo, la autoorganización,
la “inteligencia” de los sistemas y nuestra responsabilidad
con el bien común.
La visión sistémica plantea un punto de vista optimista
de la sociedad y de nuestro futuro. A pesar del flujo constante
de información negativa que recibimos a diario y de reconocer
que todavía existen personas oprimidas o en condiciones
de extrema pobreza, este mundo es cada vez mejor, está
más organizado y es… más humano, lo cual se
aprecia en la mayor expectativa de vida, mejoras en el bienestar
general y en que nos vemos más contentos… Observemos
como está cambiando el criterio de los niños respecto
a la naturaleza, orientándose cada vez más al cuidado
del entorno. Además, estamos recuperando tal vez la principal
característica humana: la colaboración,
base de la visión sistémica.
La idea es apreciar el cambio desde el mecanicismo a la visión
sistémica y los grandes beneficios que esto produce. Ahora
podemos ver con un enfoque diferente la comunicación entre
las personas, más variada e integral, aceptando la autonomía,
la incertidumbre y la humanidad.
¿Quién inventó la visión sistémica?
Ningún ser humano en particular. Existe y ha sido aplicada
desde siempre. Está incorporada en nuestros genes y en
la base misma de la materia. La visión sistémica
se ha notado menos en los últimos milenios, en el mundo
occidental, porque ha sido arrinconada por la dominación
y la mecanización, sin embargo, hoy está aquí,
con un impulso que está cambiando el mundo. Es que
la libertad y la complejidad siempre se abren paso.
Algunos precursores de la visión sistémica
Heráclito (s.VI-V a.C.) filósofo presocrático,
afirmaba que no podemos bañarnos dos veces en el mismo
río, interpretaba la realidad como un proceso de cambio
continuo. Decía: “nada es, sólo el cambio
es real y todo es un constante fluir”. Hay un orden de sucesión
que se fundamenta en los contrastes.
Lucrecio, filósofo romano, en el siglo primero a.C., afirmaba
que nuestro universo debía ser joven y que estaba en permanente
transformación. Llegaba a esa conclusión, tan avanzada
para una época que veía un universo estático,
porque apreciaba que todo cambiaba a su alrededor y que no era
lo mismo que en generaciones anteriores.
Werner Heisenberg (1901-1976), es uno de los más
destacados investigadores alemanes, obtuvo el Premio Nobel de
Física en 1932. Fue uno de los fundadores de la teoría
cuántica y dio luces acerca del comportamiento ondulatorio
de las partículas. Es principalmente conocido por su Principio
de indeterminación, o incertidumbre, el cual establece
la imposibilidad de conocer al mismo tiempo la posición
o cantidad de movimiento de una partícula.
De aquí derivan grandes aportes a la nueva ciencia: el
rol del observador y su influencia en lo observado, el comportamiento
caótico de la materia, la aleatoriedad en las direcciones
de las partículas y la unión indisoluble entre elementos
aparentemente dispersos, entre otras contribuciones (1).
Ludwig Von Bertalanffy, biólogo, sostenía
a mediados del siglo XX que los sistemas se convertirían
en el eje del quehacer científico. Pensaba que con los
sistemas podrían darse respuestas más efectivas
a los problemas naturales: biológicos, sociales y de conducta
individual. Creía que serían la alternativa al ordenado
mundo determinista, reduccionista y mecanicista que la ciencia
generalmente aceptaba hasta entonces… el tiempo le está
dando la razón.
Ilya Prigogine (1917-2002) físico y químico
belga de origen ruso, es autor de la Teoría de la complejidad
creciente, propuso la Teoría del caos en
los años 60. Recibió el Premio Nobel en 1977 por
sus estudios acerca de las Estructuras disipativas, una forma
avanzada de autoorganización donde el sistema se regenera
constantemente a través de “fuerzas” o procesos
internos que primero lo llevan hacia el desorden —destruyendo
la estructura actual, lo que podría llamarse un fenómeno
entrópico— y luego le ayudan a formar una nueva estructura,
más compleja que la anterior y que está mejor adaptada
a las nuevas condiciones ambientales. Ilya Prigogine explica (1996,
p.79): “queremos destacar la superioridad de los sistemas
autoorganizados con respecto a la tecnología humana habitual,
que evita cuidadosamente la complejidad y administra de manera
centralizada la mayor parte de los procesos técnicos”.
En el terreno de la organización, hay destacados autores
realizando aportes sistémicos: Peter Drucker, Russell Ackoff,
Humberto Maturana, Hubert Reeves, Tom Peters, Peter Senge, Richard
Schonberger, Carl Rogers, Henry Mintzberg y Edward De Bono, sólo
por nombrar algunos. La mayoría de ellos están referenciados
dentro del texto y en la bibliografía. Por ejemplo, Peter
Senge propone cinco disciplinas para el aprendizaje de la organización:
dominio personal (autocontrol), modelos mentales (paradigmas),
construcción de una visión compartida, aprendizaje
en equipo y pensamiento sistémico, donde asigna un rol
importante al concepto de “palanca”, en el sentido
de encontrar el punto justo donde las acciones de transformación
tengan un impacto mayor y duradero.
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(1) El principio de incertidumbre también puede ser aplicado
a la gestión de procesos: es, aceptar la realidad de una
complejidad que nos excede, que no existen las certezas. Los procesos
se alteran por el sólo hecho de observarlos. Y sucede a
veces que de alguna forma funcionan mejor gracias al hecho que
se acerca un analista a observarlos… Si algo resultó
una vez, se cae en la “trampa de la inteligencia”,
esto es, la aplicación reiterativa de un patrón
único, que fue bueno en su tiempo y lugar. Tenemos la responsabilidad
de hacer nuestro mejor esfuerzo y al mismo tiempo aceptar con
humildad que el resultado es incierto y no depende de nosotros,
porque es cuestión de probabilidades y porque también
depende de las decisiones de otros.
¿Qué es un sistema?
No existe una definición generalmente aceptada para un
“sistema”. Tradicionalmente se lo entiende en dos
aspectos: orientado al exterior en cuanto se encuentra situado
en un medio donde interactúa con otros sistemas de su nivel
y con sistemas mayores de los que forma parte, y orientado a su
interior, al definirlo como el conjunto de dos o más elementos
que interactúan entre sí. Está bien, pero
le falta vida.
Trabajaremos aquí con la siguiente definición: un
sistema es energía que toma la forma de interacciones
y crea los elementos que sean necesarios para su evolución.
Referida especialmente a los sistemas sociales humanos.
Dice Idalberto Chiavenato (2001, p. 769): “El concepto sistema
pasó a dominar las ciencias y, en especial, la administración.
Si se habla de astronomía, se piensa en el sistema solar;
si el tema es fisiología, se piensa en el sistema nervioso,
en el sistema circulatorio, en el sistema digestivo. La sociología
habla de sistema social; la economía, de sistemas monetarios;
la física, de sistemas atómicos, y así sucesivamente.
En la actualidad, el enfoque sistémico es tan común
en administración que no se nos ocurre pensar que estamos
utilizándolo en todo momento”.
Y en este texto lo estamos aplicando a la gestión de procesos…
Entonces, un sistema es:
Viable
Un sistema viable es capaz de sobrevivir con autonomía
y reproducirse. Podemos constatar que la mayor parte de las nuevas
organizaciones fueron creadas por… otras organizaciones,
lo cual se aprecia a simple vista en la cantidad de empresas que
componen un holding.
Joël de Rosnay dice (1997, p. 95): “se suele aceptar
que un organismo vivo es un sistema capaz de asegurar su propia
conservación, arreglárselas por sí mismo
y reproducirse. Son tres principios que caracterizan la célula,
estructura elemental de todo ser vivo, desde la bacteria hasta
el hombre”.
Una característica central asociada a la viabilidad es
que no se puede predecir el comportamiento de un sistema…
es probabilista. También implica que es autónomo,
abierto y que tiene límites, rasgos que veremos a continuación:
· Autónomo: es decir, el sistema
sigue su propio camino y define sus objetivos. Los sistemas requieren
la autonomía para probar constantemente nuevas opciones
que a su vez les ayudan a transformarse. Esto exige un ambiente
de libertad.
· Abierto: el sistema intercambia información,
energía, insumos y productos con el medio.
· Tiene límites
reconocibles que cooperan en su identidad, como la piel en los
organismos o los derechos de propiedad de las organizaciones.
Se le distingue con precisión de otros sistemas. Capta
y deja pasar toda la información relevante.
Impredecible, caótico e incierto
Los sistemas son impredecibles como simple consecuencia de la
viabilidad. Ya sea un ser humano o empresa, sólo podemos
estimar su comportamiento en términos de probabilidades,
no existe la certeza. Están regidos por el principio
de incertidumbre.
Los sistemas son caóticos, porque la probabilidad de predecir
su comportamiento es alta para el muy corto plazo y casi nula
en el largo plazo, lo que desde nuestro punto de vista podría
parecer errático… y caótico, esto debido a
las variaciones de múltiples condiciones iniciales o por
el azar. Los sistemas son intrínsecamente aleatorios.
En la organización, cualquier objetivo que emprendamos
tiene mayor probabilidad de ocurrencia en la medida que nos
esforzamos por cumplir un buen programa de acción. Sin
embargo, no podemos garantizar el resultado. Es el caso del incremento
de ventas, mejora del clima laboral o aumento de la rentabilidad.
Sólo podemos estimar el comportamiento del sistema en términos
de probabilidades.
El grado de incertidumbre tiene que ver con la escala de tiempo
del sistema. “La tierra girará mañana”
se puede asegurar con altísimo nivel de probabilidad porque
eso es corto plazo para el sistema planetario. Sin embargo, para
el precio de las acciones en la bolsa de Madrid, “mañana”
es largo plazo y las fluctuaciones pueden ser grandes.
El principio de incertidumbre, junto con la indescriptibilidad
de los sistemas, es lo que mejor explica el rompimiento que
se produce con la causa-efecto. En un caso de baja motivación,
¿realmente podemos detectar las causas sin lugar a dudas?
No, porque los sistemas se resisten a esas seguridades.
Autocreado y autorreferente
Autocreado significa que se recrea constantemente a sí
mismo, lo cual se puede explicar a través de las estructuras
disipativas de Prigogine: las mismas fuerzas que conducen
al desorden y muerte de una estructura, forman una nueva estructura
mejor organizada que la anterior.
Resumido desde libro Análisis
de Sistemas, del mismo autor...
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